Fábrica de Hilados y Tejidos de Algodón La Fama de Nuevo León.
Fotografía  proporcionada por el ingeniero Luís Eduardo Villarreal.
Fábrica de Hilados y Tejidos de Algodón “La Fama” de Nuevo León (1854)

Coincidiendo con el esquema clásico de la industrialización británica, Monterrey inició su despegue industrial por la rama textil. La más
antigua fábrica textil fue “La Fama” de Nuevo León, instalada en 1854 en Santa Catarina, Nuevo León, localizada al poniente de la
ciudad de Monterrey, entre la Sierra Madre y el cerro de Las Mitras.
Se instaló en un terreno de dos hectáreas dentro de lo que fue la Hacienda de los Ábrego. El lugar era apropiado por estar a catorce
kilómetros de Monterrey, a la orilla del camino a Saltillo y en las proximidades de las fuentes de agua provenientes del acueducto de la
acequia de Capellanía, que transportaba el líquido desde los manantiales del río Santa Catarina que abastecían a la ciudad de
Monterrey. Con el fin de aprovechar industrialmente el agua, se construyó un acueducto elevado de 900 metros de longitud, por un
metro setenta centímetros de altura, el cual condujo el agua durante 96 años (de 1854 a 1950) desde el Paso del Águila hasta el
interior de la fábrica textil. El acueducto fue derribado en 1970 para dar paso a la ampliación de la calle Juárez, la que fuera en otros
tiempos Congregación de La Fama, N. L. A partir de la instalación de la fábrica textil, a la antigua hacienda de los Ábrego comenzó a
llamársele con el mismo nombre que a la planta fabril: La Fama. Puede decirse que la fábrica le dio identidad a la comunidad formada a
su alrededor. Para 1900, la Congregación de La Fama tenía 675 habitantes, de los cuales 131 eran obreros de la factoría, cien hombres
y 31 mujeres. Se construyó cerca de la fábrica el templo de San Francisco de Paula, que data de fines del siglo XIX.
En 1906, la administración de la fábrica donó terrenos para edificar la escuela y la plaza pública, con lo cual el proceso de urbanización
cobró forma con la fábrica como centro. La primera maquinaria con que comenzó sus operaciones la fábrica textil consistió en 56 telares
británicos de construcción moderna para su tiempo; cada uno producía diariamente una y media piezas de manta de 32 varas, de la
mejor clase entre las manufacturadas en el país. Su rendimiento anual era de 45,000 pesos y su maquinaria era movida por agua y por
una máquina de vapor de 26 caballos de fuerza. Los cronistas de La Fama afirman que el acueducto que transportaba el líquido utilizado
como fuerza hidráulica para mover la maquinaria se construyó entre 1848 y 1859. Tenía un kilómetro de longitud, con 24 arcos de medio
punto.
Los restos que todavía quedan del acueducto indican que fue una hermosa obra de ingeniería, según narra don Jesús Cortés García,
cronista de La Fama. Los fundadores de La Fama de Nuevo León fueron nueve. Entre los primeros inversionistas que se mencionan
figura Gregorio Zambrano, originario de Monterrey, miembro de una influyente familia de terratenientes y dedicado a los negocios
mercantiles, con trayectoria en el ejercicio del poder político regional (tres años antes de 1854 había sido jefe de la comuna
regiomontana). El segundo fue Manuel María de Llano, nacido en Monterrey, hombre dedicado a la explotación maderera y propietario de
una molienda triguera, ambos establecimientos eran accionados por fuerza hidráulica y estaban ubicados por el rumbo de La Purísima en
Monterrey. Al igual que el socio Gregorio Zambrano, don Manuel también era un hombre que compaginaba exitosamente los negocios
con la política: en varias ocasiones había desempeñado el cargo de presidente municipal de Monterrey, además de haber sido diputado
local y federal, así como jefe del poder ejecutivo estatal. El tercer socio fue el danés Juan María Clausen, yerno de don Gregorio
Zambrano, propietario de la casa comercial Clausen y Compañía. El cuarto fue el español José Morell, también hombre de negocios. El
quinto, otro hispano, Pedro Calderón, al parecer nacionalizado mexicano, casado con una de las hijas de otro importante hombre de
negocios, Juan Francisco de la Penilla (de origen español, fundador de la casa comercial La Reinera). Además de ser un dinámico
comerciante, don Pedro Calderón también fue miembro de la clase política regiomontana de esos años: desempeñó los cargos de alcalde
y regidor en la ciudad de Monterrey. El sexto inversionista de la sociedad, con capital acumulado como producto de fortunas heredadas,
fue el médico y también presbítero José Ángel Benavides, originario del Valle del Huajuco. Don Mariano Hernández, también español,
apoderado comercial del suegro de don Pedro Calderón, fue el séptimo socio. En la sociedad figuraba otro personaje dedicado a las
transacciones comerciales: Ezequiel Steele, de posible ascendencia norteamericana. El noveno socio fue el español don Valentín Rivero,
hombre también dedicado a múltiples negocios, que en un tiempo se desempeñó como empleado de la casa comercial de don Francisco
de la Penilla. En suma, la primera fábrica textil de Nuevo León fue producto de la iniciativa inversionista de seis vecinos de Monterrey de
origen extranjero (cuatro hispanos, un danés y uno probablemente norteamericano) y tres regiomontanos. Dos de ellos con vínculos
parentales: Gregorio Zambrano, suegro de Juan María Clausen. Algunos con activa participación en los asuntos políticos de la región:
Gregorio Zambrano, Manuel María de Llano y Pedro Calderón. La mayoría con inversiones en negocios comerciales.

Fotografías y textos tomados del libro “Fábricas pioneras de la industria de Nuevo León”, de: Javier Rojas Sandoval. UANL-CONARTE-
PULSAR. Monterrey, N.L. 1997.